MÁXIMO CASTILLO.

El 11 de mayo de 1864 nació en San Nicolás de Carretas el revolucionario antirreeleccionista Máximo Castillo, que en 1913 el presidente interino Emilio Vázquez Gómez lo ascendió a general brigadier, en reconocimiento a sus grandes méritos en la lucha armada que se estaba dando como producto de la convocatoria del 20 de noviembre de 1910.
Con domicilio en la ciudad de Chihuahua, en el barrio del Santo Niño, había establecido una fragua donde los trabajos de herrería lo habían puesto en comunicación con una serie de individuos, con los que muchos de ellos se organizaría el club antirreeleccionista “ Benito Juárez”, auspiciado por Abraham González, hombre de grandes principios democráticos y de marcada posición antiporfirista.
Las amañadas elecciones, que en julio de 1910 volvieron a dar el triunfo al general Porfirio Díaz Mori, fue la señal de que la estructura del gobierno dictatorial y las autoridades menores caciquiles seguirían manteniendo, así como protegiendo la humillante explotación obrera minero-industrial y la denigrante situación de los peones de las grandes haciendas que irían a peor, seguros de la política represiva del régimen perpetuo, apoyado por los círculos aristocráticos de los protegidos del dictador.
En los primeros meses de la revolución, fue comisionado para levantar tropa con gente de la región de Carretas, participando en las acciones de los grupos que respondían a la jefatura de Pascual Orozco, pero a mediados de febrero de 1911 a la entrada de Madero a territorio nacional, fue llamado para cuidar la seguridad de la gente que lo rodeaba, entre ellos, cerca de 50 extranjeros.
El revolucionario de Carretas, se distingue por el arrojo mostrado en el rescate de Don Francisco I. Madero, que es herido en la derrota sufrida por los revolucionarios el 6 de marzo en Casas Grandes, actitud que le valió para ser designado guardia personal del jefe de la revolución, puesto que le duró hasta finales de mayo, cuando Madero triunfante lo destituyó en la ciudad de México, haciéndolo regresar a Chihuahua. Desde ahí acumuló informaciones de las decisiones presidenciales que en nada componían la situación de las mayorías miserables de mexicanos.
Inconforme, firma los Acuerdos de Santa Rosa en febrero de 1912 y se adhiere a los sublevados orozquistas del Plan de La Empacadora , del mes de marzo, que incorporaba algunos puntos del Plan de Ayala de Emiliano Zapata.
Máximo Castillo, que respondió por la vida de Madero, ahora se levantaba en armas contra él, como luego lo haría contra Pascual Orozco por desviar los principios revolucionarios y se acercamiento a la aristocracia latifundista.
Por su cuenta, abrazó el Plan de Ayala y en junio de 1913 repartió seis haciendas terraceñas, que provocó la furiosa reprobación de Villa y la condenación de la familia aristocrática de Chihuahua.
Difamado, infamado y acusado de latrocinios, vejaciones y crímenes que nunca cometió, como el caso del túnel “Cumbre”, la prensa lo señaló como el gran canalla y sanguinario que alguna vez había cuidado la espalda del presidente mártir.
Máximo Castillo, que culminó sus acciones revolucionarias bajo la bandera de Zapata, escapó a Estados Unidos, donde fue prisionero por dos años, se expatrió a Cuba, alejado de su familia y olvidado por los chihuahuenses, muriendo en el año de 1919.
100 años después, se reivindica su nombre y se le reconoce como uno de los más grandes generales que Chihuahua dio a la causa revolucionaria, como se ha hecho en su tierra natal y en el muy importante centro de bachillerato de Cuauhtémoc CBTa. 90, que lleva merecidamente su nombre.

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